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Queridos hermanos:

Un cordial saludo, a todos.

La palabra «jubileo» significa gozo y alegría en el Señor. Un «año jubilar» es un tiempo de fe dedicado a celebrar fraternalmente la gracia de Dios en la vida de los hombres. Nosotros nos gozamos de ser hijos espirituales de San Agustín y nos alegramos de conmemorar el 1650 aniversario de su nacimiento.

Es el gozo del Espíritu de Dios, manifestado a la humanidad en la persona de Jesucristo y experimentado por nosotros en la espiritualidad agustiniana. Es la alegría en el Espíritu divino que nos encomienda una misión, la misma del Señor, aquella para la cual el Hijo fue enviado por el Padre: «anunciar la buena noticia a los pobres, sanar los corazones heridos; liberar a los oprimidos, y traer la libertad a los que están privados de ella; proclamar un año de gracia del Señor» (Is 61, 1-2).

Decía San Agustín que ser cristiano es ofrecerle a Dios un culto agradable, y consiste «no en ir a la conquista de Cristo», sino en «dejarse seducir por él» (Comentarios a los salmos 49, 10). Eso es lo que deseamos en nuestra comunidad parroquial y educativa. Es el camino que nos proponemos transitar durante esta año jubilar, en unidad con toda la Iglesia argentina, «colmados de una esperanza que no defrauda» (Navega mar adentro, n. 99). Es Cristo quien nos señala los caminos de su Evangelio. Por eso no queremos demorar la partida...